Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña En ese momento, alguien gritó que los fascistas se acercaban. Sin duda el estrépito de las detonaciones se había hecho mucho más intenso. Resultaba obvio que los fascistas no lanzarían un contraataque desde la derecha, pues ello implicaba atravesar la tierra de nadie y asaltar su propio parapeto. Si tenían sentido común nos atacarían desde el interior de la línea. Me dirigí hacia el otro extremo de la posición, que tenía forma de herradura, de modo que otro parapeto nos protegía a la izquierda. Un fuego graneado procedía de esa dirección, pero no tenía mayor importancia. El peligro estaba enfrente, pues allí no contábamos con protección alguna. Una lluvia de balas pasaba por encima de nuestras cabezas. Parecía proceder de la otra posición fascista sobre la línea; era evidente que el Batallón de Choque no había logrado capturarla. Ahora el ruido resultaba ensordecedor. Era el estruendo incesante, como un redoble de tambores, de una masa de fusiles que yo estaba acostumbrado a oír desde cierta distancia; por primera vez, me encontraba en medio de él. A estas horas el fuego se había extendido ya, desde luego, varios kilómetros a lo largo del frente y en torno a nosotros. Douglas Thompson, con un brazo herido que le colgaba inútil a un costado, se aguantaba recostado en el parapeto y disparaba con una sola mano hacia los fogonazos. Alguien cuyo fusil se había atascado, le recargaba el suyo.