Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Estoy en el asqueroso patio de La Granja, entre la multitud de hombres que luchan con sus platos junto a la olla de estofado. El cocinero gordo y agotado nos mantiene a raya con el cucharón. En una mesa cercana, un hombre barbudo, con una enorme pistola automática bajo el cinturón, corta grandes trozos de pan. Detrás de mí, una voz cockney[10] (Bill Chambers, con quien había tenido una amarga pelea y que más tarde murió en las afueras de Huesca) está cantando:
Hay ratas, ratas,
ratas grandes como gatas,
en la…
Una bala de cañón aúlla sobre nuestras cabezas. Criaturas de quince años se arrojan al suelo. El cocinero se refugia detrás del caldero. Todos se levantan con una expresión avergonzada cuando el proyectil estalla a unos cien metros.
Camino junto a la línea de los centinelas, bajo los oscuros álamos. En la zanja inundada las ratas chapotean, haciendo tanto ruido como nutrias. Mientras la aurora aparece a nuestras espaldas, el centinela andaluz canta, envuelto en su capa. Del otro lado de la tierra de nadie, llega el canto del centinela fascista…