Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Quise regresar al hotel enseguida para saber cómo estaba mi esposa, pero el grupo de anarquistas, a la entrada de la bocacalle, hacía retroceder a la gente, gritando para que nadie cruzara la línea de fuego. Se oyeron más disparos. Las balas procedentes de la torre atravesaron la calle, y una multitud aterrorizada se abalanzó Ramblas abajo, alejándose del fuego; a lo largo de la calle podía oírse el tableteo de las persianas metálicas que bajaban los tenderos para proteger sus escaparates. Vi dos oficiales del Ejército Popular retirándose prudentemente de árbol en árbol con las manos en las pistolas. Delante de mí, la gente se precipitaba por las escaleras de la estación de metro que hay en medio de las Ramblas en busca de protección. Opté por no seguirlos, pues no quería quedarme atrapado bajo tierra durante horas.
En ese momento, un médico norteamericano que había estado con nosotros en el frente se acercó corriendo y me tomó del brazo. Estaba muy excitado.
—Vamos, debemos llegar hasta el hotel Falcón. (El hotel Falcón era una especie de casa de huéspedes regida por el POUM y utilizada principalmente por los milicianos de permiso). Los muchachos del POUM se reunirán allí. Ya comenzaron los líos. Debemos permanecer unidos.
—Pero ¿qué demonios está pasando? —pregunté yo.