Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña La larga pesadilla de la lucha, el estrépito, la falta de comida y de sueño, la mezcla de tensión y aburrimiento de las largas horas pasadas en la azotea, preguntándome si al minuto siguiente recibiría un balazo o me vería obligado a disparar contra alguien, me habían destrozado los nervios. Mi estado era tal que, cada vez que la puerta se cerraba con violencia, inmediatamente echaba mano de la pistola. El sábado por la mañana se oyó una serie de disparos y todo el mundo gritó: «¡Ya empieza otra vez!». Corrí a la calle y descubrí que unos guardias de asalto disparaban contra un perro rabioso. Nadie que haya vivido en Barcelona entonces o en los meses posteriores olvidará la agobiante atmósfera creada por el miedo, la sospecha, el odio, la censura periodística, las cárceles abarrotadas, las enormes colas para conseguir alimentos y las patrullas de hombres armados.