Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña A pesar de todo esto, no habían «agarrado» a mi mujer. Aunque seguía en el hotel Continental, la policía no hizo intento alguno por arrestarla. Evidentemente querían valerse de ella como de un señuelo. Con todo, un par de noches antes, casi de madrugada, seis policías de civil allanaron nuestra habitación y se apoderaron hasta del último trozo de papel que encontraron, exceptuando, por fortuna, nuestros pasaportes y la libreta de cheques. Se llevaron mis diarios, nuestros libros, los recortes periodísticos que desde hacía meses se apilaban en el escritorio (muchas veces me he preguntado para qué los querían), todos mis recuerdos de guerra y todas nuestras cartas. (Dicho sea de paso, se llevaron también muchas cartas recibidas de lectores. Algunas de ellas no habían sido todavía respondidas, y como es de suponer no conservo las direcciones. Si alguien de los que me escribió en relación a mi último libro y que no recibió respuesta llega a leer estas líneas, ruego que las acepte como disculpa). Más tarde supe que la policía también se había apoderado de algunas pertenencias mías dejadas en el Sanatorio Maurín. Hasta se llevaron un paquete de ropa sucia; quizá creyeron que contenía mensajes escritos con tinta invisible.