Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña He tratado de describir el curso general de la revolución española durante el primer año, a fin de facilitar la comprensión de la situación en cualquier momento dado. Pero no quisiera sugerir que en febrero yo ya contaba con todas las opiniones implícitas en lo que acabo de decir. Lo que más me aclaró las cosas aún no había ocurrido y, en cualquier caso, mis simpatías eran en cierto sentido diferentes de las actuales. Ello se debía, en parte, a que el aspecto político de la guerra me aburría y, naturalmente, reaccionaba contra el punto de vista que me tocaba oír con más frecuencia, esto es, el del POUM-ILP. Los ingleses, entre los que me encontraba, eran en su mayor parte miembros del ILP, exceptuados unos pocos pertenecientes al Partido Comunista, y casi todos ellos tenían una formación política más sólida que yo. Durante largas semanas, en el monótono período en que nada ocurría en los alrededores de Huesca, me encontré en medio de una discusión política prácticamente interminable. En el granero maloliente y frío de la granja donde estábamos instalados, en la asfixiante oscuridad de las trincheras, detrás del parapeto en las heladas horas de la noche, el conflicto de las «líneas» partidistas se discutía una y otra vez. Entre los españoles ocurría lo mismo, y la mayoría de los periódicos que leíamos centraban su atención en el conflicto entre los partidos. Uno tendría que haber sido sordo o imbécil para no recoger algunas ideas acerca de los propósitos de los diversos partidos.