Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Además, casi todos los miembros del gobierno español han negado las acusaciones contra el POUM. Hace poco, el gabinete decidió, por cinco votos contra dos, poner en libertad a los prisioneros políticos antifascistas; los dos votos en contra correspondían a los ministros comunistas. En agosto, una delegación encabezada por James Maxton, miembro del Parlamento inglés, viajó a España para investigar los cargos contra el POUM y la desaparición de Andrés Nin. Prieto, ministro de Defensa Nacional; Irujo, ministro de Justicia; Zugazagoitia, ministro del Interior; Ortega y Gasset, procurador general; Prat García y otros rechazaron cualquier sospecha de culpabilidad por espionaje respecto a los dirigentes del POUM. Irujo añadió que, habiendo examinado el expediente relativo al caso, opinaba que ninguna de las llamadas pruebas podría soportar un examen y que el documento que se atribuía a Nin «carecía de valor», es decir, era falsificado. Prieto consideró a los líderes del POUM responsables de las luchas de mayo en Barcelona, pero desechó la idea de que fueran espías fascistas. «Lo más grave —agregó— es que el arresto de los dirigentes del POUM no fue decidido por el gobierno; la policía lo llevó a cabo por su cuenta. Los responsables no son los altos funcionarios policiales, sino su entorno, en el que se han infiltrado los comunistas, según sus métodos habituales». Citó otros casos de arrestos policiales ilegales. Asimismo, Irujo declaró que la policía se había tornado «casi independiente» y estaba de hecho bajo el control de elementos comunistas foráneos. Prieto insinuó bastante claramente a la delegación que el gobierno no podía darse el lujo de ofender al Partido Comunista mientras los rusos enviaran armas. Cuando otra delegación, encabezada por John McGovern, miembro del Parlamento, llegó a España en diciembre, recogió manifestaciones casi idénticas, y Zugazagoitia, ministro del interior, repitió la insinuación de Prieto en términos aún más claros: «Recibimos ayuda de Rusia y hemos tenido que permitir ciertos actos con los que no estábamos de acuerdo». Como ejemplo de la autonomía policial, resulta interesante señalar que una orden firmada por el director de Prisiones y por el ministro de Justicia no bastó para que McGovern y sus compañeros pudieran entrar en las «cárceles secretas» que el Partido Comunista tenía en Barcelona[30].