Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña A la escasez de armas se sumaba la de todos los otros elementos de importancia en una guerra. No teníamos mapas ni planos, por ejemplo. En España nunca se había hecho un registro cartográfico completo, y los únicos mapas detallados de esa zona eran los viejos mapas militares, casi todos en poder de los fascistas. No contábamos con telémetros, telescopios, periscopios, prismáticos —excepto unos pocos de propiedad privada—, luces de Bengala o Veri, tenazas para cortar las alambradas, herramientas de armero, ni tampoco siquiera con material de limpieza. Los españoles no parecían haber oído hablar nunca de una baqueta y me observaron sorprendidos mientras yo la fabricaba. Cuando uno quería limpiar el fusil, lo llevaba al sargento, quien poseía una larga varilla de latón invariablemente torcida que, por lo tanto, raspaba el cañón. Ni siquiera había aceite para las armas. Eran lubricadas con aceite de oliva, cuando se podía conseguir. En distintas ocasiones tuve que engrasar el mío con vaselina, con crema para el cutis y hasta con tocino. Además, no teníamos faroles ni linternas. Creo que en todo nuestro sector no había nada parecido a una linterna eléctrica, y el sitio más cercano donde se podía conseguir una era Barcelona, y eso no sin dificultades.