Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña A mediados de febrero abandonamos Monte Oscuro. Fuimos enviados, junto con todas las tropas del POUM de ese sector, a integrar el ejército que sitiaba Huesca. Tuvimos que hacer un viaje de noventa kilómetros en camión, a través de la planicie invernal, donde las vides podadas aún no tenían brotes y las espigas de la cebada de invierno apenas asomaban sobre el suelo aterronado. A cuatro kilómetros de nuestras trincheras, Huesca brillaba pequeña y clara como una ciudad formada por casas de muñecas. Meses antes, cuando cayó Siétamo, el comandante general de las tropas gubernamentales había comentado alegremente: «Mañana tomaremos café en Huesca». Resultó estar equivocado. Se produjeron sangrientos ataques, pero la ciudad no cayó, y «Mañana tomaremos café en Huesca» se convirtió en una broma en todo el ejército. Si alguna vez regreso a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca.