Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Y entonces, la espera de la orden de atacar a cincuenta o sesenta metros del parapeto fascista. Una larga línea de hombres agazapados en una zanja, con las bayonetas asomando por el borde y el blanco de los ojos brillando en la oscuridad. Kopp y Benjamín en cuclillas detrás de nosotros, junto a un hombre que llevaba un receptor telegráfico sin hilos a hombros. Hacia el oeste, en el horizonte occidental se veían resplandores rosados, seguidos a los pocos segundos por enormes explosiones. Y entonces el ruido, pip-pip-pip, procedente del telégrafo y un susurro ordenando que nos retiráramos mientras todavía nos fuera posible. Lo hicimos, pero no con bastante rapidez. Doce infortunados muchachitos de la JCI (la liga juvenil del POUM, correspondiente a la JSU del PSUC), que habían estado apostados a sólo cuarenta metros del parapeto fascista, se dejaron sorprender por la aurora y no pudieron escapar. Tuvieron que yacer allí todo el día, apenas cubiertos por los matorrales, mientras los fascistas disparaban sobre ellos cada vez que se movían. Al caer la noche, siete habían muerto y los otros cinco se las ingeniaron para arrastrarse en la oscuridad hasta nuestra posición.