Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Poco antes de medianoche, Benjamín nos condujo hasta Torre Fabián. Desde el crepúsculo había estado lloviendo. Las acequias estaban llenas hasta el borde y, cada vez que uno tropezaba y caía dentro de ellas, se encontraba con el agua hasta la cintura. Bajo la lluvia torrencial, y en completa oscuridad, una borrosa masa de hombres nos aguardaba en el patio de la granja. Kopp se dirigió a nosotros, primero en español y luego en inglés, para explicar el plan de ataque. La línea fascista formaba allí un ángulo en L, y el parapeto que debíamos atacar se encontraba sobre una elevación del terreno en la esquina de la L. Una treintena de nosotros, la mitad ingleses, la mitad españoles, bajo la dirección de Benjamín y de Jorge Roca, comandante de nuestro batallón (un batallón en la milicia significaba unos cuatrocientos hombres), debíamos arrastrarnos y cortar la alambrada fascista. Jorge arrojaría la primera granada como señal, y entonces los demás debíamos lanzar una lluvia de granadas, expulsar a los fascistas del parapeto y apoderarnos de él antes de que pudieran volver a reunir fuerzas. Simultáneamente, setenta hombres del Batallón de Choque debían asaltar la siguiente «posición», fascista, situada a doscientos metros hacia la derecha y unida a la primera por una trinchera de comunicación. Para evitar que disparáramos unos contra otros en la oscuridad, debíamos usar brazaletes blancos. En ese momento llegó un mensajero para comunicarnos que no había brazaletes blancos. Desde la oscuridad, una voz quejumbrosa sugirió: «¿No podríamos hacer que fueran los fascistas los que usaran brazaletes blancos?».