La hija del clerigo
La hija del clerigo —De Elephant —respondió Nobby—, y tenemos que cogerlo antes de las cuatro en punto, porque a partir de las cuatro ya no es gratis.
—Pues vamos, no perdamos más tiempo. Bonita jugarreta como nos toque ir andando a Bromley y buscar a oscuras un sitio donde dormir. ¡Venga, Flo!
—¡Paso ligero! —respondió Nobby, echándose el hato al hombro.
Empezaron a andar sin decir una palabra más. Dorothy todavÃa confusa, aunque sintiéndose mucho mejor que media hora antes, se situó al lado de Charlie y Flo, que se pusieron a hablar y no le prestaron más atención. Desde el primer momento la dejaron un poco de lado, encantados de compartir con ella la media corona, pero nada deseosos de trabar amistad. Nobby iba en cabeza, andando a buen paso a pesar de su carga y cantando, con una inspirada imitación de la música, la conocida marcha militar de cuya letra solo se han conservado estas palabras:
«¡——!» era lo único que sabÃa tocar la banda.
«¡——! ¡——!» ¡Y lo mismo te digo a ti!
Estaban a 29 de agosto. La noche que Dorothy se quedó dormida en el invernadero era la del 21; de manera que habÃa habido un interludio en su vida de apenas ocho dÃas.