La hija del clerigo
La hija del clerigo Dorothy contempló indiferente la fotografía: el rostro de una chica que la miraba rodeada de un fondo oscuro y poco atrayente de tinta y impresa…, y no recordó nada. Volvió a leer mecánicamente las palabras «DRAMA PASIONAL EN UNA RECTORÍA DE PUEBLO», sin entenderlas ni sentir el menor interés. Descubrió que era totalmente incapaz de leer, incluso ver fotografías le resultaba demasiado fatigoso. La cabeza le pesaba de sueño, sus ojos al cerrarse pasaron a otra fotografía que era de lord Snowden o del hombre que se negaba a ponerse un braguero, y luego, en ese mismo instante, se quedó dormida con el Pippin’s Weekly sobre las rodillas.
Estaba bastante cómoda apoyada contra la pared del barracón y apenas se movió hasta las seis en punto, cuando Nobby la despertó para avisarla de que el té estaba listo, momento en que Dorothy guardó cuidadosamente el Pippin’s Weekly (podría serles útil para encender el fuego) sin volver a mirarlo. Así que de momento perdió la oportunidad de resolver el problema de su identidad. Y podría haber seguido así muchos meses, si un desagradable incidente acontecido una semana después no la hubiera asustado y hecho salir del estado de irreflexiva placidez en que vivía.
El domingo siguiente por la noche se presentaron de pronto en el campamento dos policías y detuvieron a Nobby y a otros dos braceros por robo.