Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Flory y Elizabeth paseaban por la carretera del bazar. Era por la mañana, pero hacía tanto calor que caminar era como intentar atravesar un mar tórrido. Pasaban hileras de birmanos que volvían del bazar, y grupitos de cuatro o cinco chicas que marchaban animadamente y con pasos cortos mientras charlaban y sus cabellos brillantes resplandecían. Junto al camino, poco antes de llegar a la cárcel, se amontonaban las ruinas de una pagoda de piedra que las fuertes raíces de un árbol habían hecho añicos. Las caras de demonios esculpidas miraban desde entre la hierba a la que habían ido a parar. Otro árbol, un peepul, se había enroscado en torno a una palmera, arrancándola del suelo y doblándola hacia atrás, fruto de una lucha que había durado toda una década.
