Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —No con los chinos. En este paÃs son una raza muy bien considerada. Y de mentalidad muy democrática. Es preferible tratarles más o menos como a iguales.
—Este té tiene un aspecto horrible. Es totalmente verde. Por lo menos podrÃan ponerle un poco de leche, ¿no cree?
—No está tan malo. Es un té especial que traen a Li Yeik directamente de China. Me parece que tiene flores de naranjo.
—¡Puaj! Sabe a tierra —dijo al probarlo.
Li Yeik permanecÃa inmóvil sujetando su pipa, que tenÃa medio metro de largo y un cuenco de metal del tamaño de una bellota, y observaba a los europeos para cerciorarse de que les gustaba su té. La muchacha que estaba detrás de las sillas dijo algo en birmano, a lo que las dos jóvenes se rieron. La que estaba arrodillada en el suelo alzó la vista y se quedó mirando a Elizabeth con un aire de cándida admiración. Luego se dirigió a Flory y le preguntó si la dama inglesa usaba corsé. Esto último lo pronunció colsé.
—¡Tsch! —chistó Li Yeik escandalizado y dándole un puntapié a la muchacha para hacerla callar.
—No puedo preguntárselo —dijo Flory.
—¡Thakin, por favor, pregúnteselo! Nos morimos de ganas por saberlo.