Los dias de Birmania
Los dias de Birmania De ahí que una cosa en su mente estuviese más clara de lo que nunca había estado: si Flory le pedía que se casara con él (que lo haría, de eso no había duda), le diría que sí. En otras circunstancias, es posible que hubiera decidido algo diferente. Pero aquella tarde, bajo el influjo de esa maravillosa, emocionante y “preciosa” aventura que habían vivido juntos, casi había llegado a enamorarse de Flory; tanto, claro está, como las circunstancias se lo permitían. Quizá una vez pasado el encanto de aquel episodio, era muy probable que sus dudas respecto a él volvieran a surgir. Y es que siempre había algo que le hacía no tenerlas todas consigo acerca de Flory: su edad, su marca de nacimiento, la manía extraña y contumaz que tenía de hablar de asuntos ininteligibles e inquietantes. Algunos días había llegado incluso a hacérsele muy antipático. Pero la conducta de su tío lo había cambiado todo. Fuera como fuese, tenía que salir de la casa de sus tíos lo antes posible. Sí, se casaría con Flory en cuanto él se lo propusiera.