Los dias de Birmania
Los dias de Birmania El calor era cada vez más insoportable. Abril estaba a punto de acabar, pero nadie esperaba que fuera a llover hasta dentro de tres o incluso cinco semanas. Ni los esplendorosos amaneceres podían hacer olvidar las interminables horas que quedaban por llegar, ésas en las que a uno le bullía la cabeza y el sol abrasador penetraba a través de los techos y se pegaba a los párpados cansados. Nadie, ni asiáticos ni europeos, eran capaces de vencer sin realizar un gran esfuerzo la soñera que provocaba el calor durante el día; y por otra parte, de noche, con los aullidos de los perros y lo que se sudaba, no había quien durmiera. Había tantos mosquitos en el Club que era necesario tener constantemente barras de incienso quemándose por todos los rincones, y las mujeres iban con las piernas envueltas en fundas de almohada. Sólo Verrall y Elizabeth permanecían indiferentes al calor. Eran jóvenes y con la sangre fresca; Verrall era demasiado estoico y Elizabeth estaba demasiado feliz como para que les afectase el clima.
