Los dias de Birmania
Los dias de Birmania La muerte de Maxwell causó una profunda conmoción en Kyauktada. Pronto se extendería por el resto de Birmania, y de aquel episodio («¿no se acuerda usted del caso de Kyauktada?») se hablaría muchos años después de que se hubiese olvidado el nombre del desgraciado joven. A pesar de todo, lo cierto es que nadie sintió la pérdida como algo personal. Maxwell había pasado por ser una persona gris, un “buen tipo” como cualquier otro de los diez mil buenos tipos blancos que hay en Birmania, y sin ningún amigo íntimo. Ninguno de los europeos de Kyauktada lloraron particularmente su muerte. Lo cual no quiere decir que no les hubiese indignado profundamente. Al contrario, pues estaban absolutamente enfurecidos. Había ocurrido algo imperdonable: un hombre blanco había sido asesinado. Cada vez que sucede eso, un estremecimiento sacude a todos los ingleses de Oriente. En Birmania mueren asesinadas en torno a ochocientas personas cada año, pero eso da igual. En cambio, el asesinato de un blanco es una monstruosidad, un sacrilegio. El pobre Maxwell sería vengado, de eso no cabía la menor duda. Tampoco eso impedía que tan sólo un criado o dos y el tirador que había traído su cadáver, que le tenía un profundo cariño, fueran los únicos que derramaron alguna lágrima por él.
Por otra parte, a nadie le complació esta muerte salvo a U Po Kyin.
