Los dias de Birmania

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Capítulo III

Flory torció a la izquierda una vez cruzada la verja del Club y comenzó a bajar por el camino del bazar a la sombra de los árboles. Se oía un revuelo de música a cien yardas de allí. Era una patrulla de policías militares, unos indios espigados de caqui verduzco que marchaban de regreso a sus puestos con un muchacho gurkha a la cabeza tocando la gaita. Flory iba a ver al Dr. Veraswami. La casa del doctor era un bungalow alargado de madera y arcilla, asentada sobre pilotes y rodeada por un jardín grande y descuidado que lindaba con el del Club. La parte trasera de la casa daba a la carretera, y por lo tanto al hospital, que se situaba entre ésta y el río.

Justo cuando entraba Flory al recinto se oyó un chillido de pánico femenino y cómo alguien corría apresurado al interior de la vivienda. Parecía obvio que no se había cruzado con la mujer del doctor por muy poco. Dio la vuelta hasta la parte delantera y se dirigió a la veranda:

—¡Doctor! ¿Está ocupado? ¿Puedo pasar?

El doctor, una figura blanca y negra, saltó desde el interior como un resorte. Se apresuró hacia la barandilla de la veranda exclamando efusivamente:


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