Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres En el hotel oí historias muy raras. Circulaban anécdotas de drogadictos; de viejos pervertidos que frecuentaban los hoteles en busca de botones guapos; de robos y de chantajes. Mario me contó que había trabajado en un hotel donde una camarera robó un anillo de diamantes de valor incalculable a una señora norteamericana. Estuvieron varios días registrando a todo el personal al salir del trabajo y dos detectives buscaron por todo el hotel, pero el anillo no apareció. La camarera tenía un amante en la panadería que había cocido el anillo dentro de un panecillo, y allí siguió, sin que nadie lo sospechara, hasta que concluyó la búsqueda.
Una vez Valenti, en un rato de asueto, me contó una historia sobre sí mismo.
«Mira, mon p’tit, trabajar en el hotel tiene sus inconvenientes, pero lo que es horrible es quedarse sin trabajo. Supongo que ya sabes lo que es no tener ni para comer, ¿eh? Forcément, si no, no estarías fregando platos. Pues bien, yo no soy ningún pobre diablo de plongeur; soy camarero, y aun así una vez pasé cinco días sin comer. Cinco días sin probar ni una corteza de pan. ¡Dios santo!
