Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Un dÃa, cuando llevábamos cinco o seis semanas en el Hôtel X., Boris faltó al trabajo sin previo aviso. Por la noche lo encontré esperándome en la rue de Rivoli. Me dio una alegre palmada en el hombro.
—¡Por fin somos libres, mon ami! Puedes despedirte cuando quieras. El Auberge abre mañana.
—¿Mañana?
—Bueno, puede que necesitemos un dÃa o dos para disponerlo todo. Pero, en cualquier caso, ¡se acabó la cafeterie! Nous voilà lancés, mon ami! Ya he desempeñado la levita.
Lo vi tan animado que intuà que algo iba mal y me resistà a dejar mi trabajo cómodo y seguro en el hotel. No obstante, se lo habÃa prometido a Boris, asà que me despedà y a la mañana siguiente a las siete me presenté en el Auberge de Jehan Cottard. Estaba cerrado y fui a buscar a Boris, que habÃa vuelto a largarse sin pagar de su hotel y habÃa alquilado una habitación en la rue de la Croix Nivert. Lo encontré dormido con una chica a la que habÃa conocido la noche anterior y que, según me dijo, tenÃa un «temperamento muy complaciente». En cuanto al restaurante, afirmó que todo estaba arreglado y que solo faltaba resolver un par de cosas antes de abrir.
