Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres En cuanto dejé el Auberge de Jehan Cottard me metí en la cama y dormí casi veinticuatro horas seguidas. Luego me lavé los dientes por primera vez en dos semanas, me bañé, fui a cortarme el pelo y desempeñé mi ropa. Pasé dos días maravillosos sin hacer nada. Incluso me pasé por el Auberge con mi mejor traje, me apoyé en la barra y gasté cinco francos en una botella de cerveza inglesa. Ser cliente de un sitio donde se ha sido el esclavo de un esclavo es una sensación curiosa. Boris parecía decepcionado de que hubiese dejado el restaurante justo cuando estábamos lancés y teníamos la oportunidad de ganar dinero. He sabido de él hace poco y me ha contado que gana cien francos al día y que tiene una amante très serieuse que nunca huele a ajo.
Pasé un día deambulando por el barrio y despidiéndome de todos. Fue entonces cuando Charlie me contó la muerte del viejo Roucolle el avaro que había vivido en el barrio. Es muy probable que mintiera, como de costumbre, pero es una buena historia.
