Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Por la mañana, después de pagar el habitual té con dos rebanadas y de comprar media onza de tabaco, me quedó solo medio penique. No querÃa pedirle más dinero a B., al menos de momento, asà que la única posibilidad que me quedaba era ir a un albergue para vagabundos. No tenÃa ni idea de por dónde empezar, pero sabÃa que habÃa uno en Romton, asà que fui andando hasta allà y llegué a las tres o cuatro de la tarde. Apoyado en la cerca de una cochiquera en el mercado de Romton habÃa un viejo irlandés con muchas arrugas, sin duda un vagabundo. Fui hasta donde se encontraba y le ofrecà mi petaca. La abrió, miró el tabaco y se quedó atónito:
—¡Santo Dios —exclamó—, pero si aquà hay seis peniques de tabaco del bueno! ¡De dónde diablos lo has sacado! No debes de llevar mucho por los caminos.
—¿Cómo? ¿Es que por los caminos no hay tabaco? —pregunté.
—Oh, sÃ, claro, mira.
Sacó una lata de caldo de carne oxidada. Dentro habÃa veinte o treinta colillas recogidas del suelo. El irlandés me contó que rara vez fumaba otra cosa y añadió que, si ibas atento, podÃas encontrar hasta dos onzas de tabaco al dÃa en las aceras londinenses.
—Vienes de uno de los albergues de Londres, ¿eh? —preguntó.
