Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres A la mañana siguiente volvimos a buscar al amigo de Paddy, que se llamaba Bozo y era pintor callejero. En el mundo de Paddy no existían las señas, pero tenía la vaga idea de que Bozo podía estar en Lambeth, y al final nos lo encontramos en el Embankment, donde se había instalado, no muy lejos del puente de Waterloo. Estaba arrodillado en la acera con una caja de tizas, copiando un esbozo de Winston Churchill de un libro de apuntes de un penique. El parecido no estaba mal. Bozo era un hombrecillo atezado, de nariz ganchuda y cabello rizado que le caía sobre la frente. Tenía la pierna derecha horriblemente deformada, con el pie torcido hacia delante de una forma espantosa. Por su aspecto, cualquiera lo habría tomado por judío, pero él lo negaba con vehemencia. Decía que su nariz ganchuda era «romana» y se enorgullecía de su parecido con un emperador romano, creo que con Vespasiano.
Bozo hablaba de un modo muy extraño, una especie de cockney lúcido y expresivo. Era como si hubiese leído buenos libros, pero no se hubiera molestado en perfeccionar su gramática. Paddy y yo nos quedamos un rato charlando con él en el Embankment, y Bozo nos habló de su oficio. Repito lo que nos dijo, más o menos con sus mismas palabras:
