Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Una vez admitida la futilidad de la vida del vagabundo, la pregunta que se plantea es si serÃa posible hacer algo para mejorarla. Es evidente que sÃ: por ejemplo, volver un poco más habitables los albergues, como se ha hecho ya en algunos casos. El año pasado se introdujeron mejoras en varios, que, si los informes son ciertos, han quedado irreconocibles, y se habla de hacer lo mismo en los demás. Pero asà no se ataja el problema. Lo difÃcil es convertir a un vagabundo hastiado y medio muerto en una persona que sienta respeto por sà misma. Para conseguirlo no basta con mejorar la comodidad. Aunque los albergues llegasen a ser lujosos (cosa que no ocurrirá nunca)[6], la vida de los vagabundos continuarÃa desperdiciándose. SeguirÃan siendo pobres, incapaces de casarse y de tener un hogar, y por tanto una pérdida para la sociedad. Lo que hace falta es que dejen de ser pobres, y eso solo puede lograrse encontrándoles un trabajo, no solo para mantenerlos ocupados, sino para que lo disfruten y puedan beneficiarse de él. En la actualidad, los vagabundos no llevan a cabo ningún trabajo en los albergues. En otra época tenÃan que picar piedra para ganarse el pan, pero dejaron de hacerlo cuando se vio que iban a dejar sin trabajo a los picapedreros. Ahora no hacen nada, porque, por lo visto, no hay nada que hacer. Sin embargo, hay un modo muy simple de conseguir que se sientan útiles: cada hospicio podrÃa tener una pequeña granja, o al menos un huerto, y a todos los vagabundos que estuviesen en condiciones de trabajar se les podrÃa pedir que trabajaran en ellos. Los productos de la granja o el huerto podrÃan utilizarse para alimentar a los vagabundos y, en el peor de los casos, siempre serÃa mejor que una dieta a base de té y pan con margarina. Por supuesto, los albergues nunca podrán abastecerse a sà mismos, pero serÃa una ayuda y, a la larga, hasta es posible que lleguen a tener beneficios. Hay que recordar que, con el sistema actual, los vagabundos suponen solo pérdidas al paÃs, pues no solo no trabajan, sino que sobreviven con una dieta que acaba minando su salud, por lo que se pierden vidas y dinero. ValdrÃa la pena probar un procedimiento que les hiciese producir parte de su comida y sirviera para alimentarles mejor.