Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Al final no incumplí mi contrato, pues pasaron seis semanas antes de que abriera el Auberge de Jehan Cottard. Mientras tanto trabajé en el Hôtel X., cuatro días por semana en la cafeterie, un día ayudando al camarero del cuarto piso, y otro sustituyendo a la mujer que fregaba los platos del comedor. Por suerte, mi día libre era el domingo, aunque a veces alguien se ponía enfermo y tenía que trabajar también ese día. El horario era de las siete de la mañana hasta las dos de la tarde, y de las cinco de la tarde hasta las nueve: once horas, aunque los días que lavaba los platos del comedor eran catorce. Era un horario extraordinariamente reducido para el plongeur parisino medio. El único inconveniente era el terrible calor y la mala ventilación de aquellos sótanos laberínticos. Aparte de eso, el hotel, que era grande y estaba bien organizado, se consideraba bastante cómodo.
