Subir a por aire
Subir a por aire La guerra me había arrancado bruscamente de la antigua vida a la que estaba acostumbrado, y en la extraña época que siguió la olvidé completamente.
Ya sé que, en cierto sentido, uno nunca olvida nada. Se recuerda la piel de naranja que se vio en el suelo hace tres años y aquel cartel en color de Torquay al que una vez se echó una mirada fugaz en la sala de espera de una estación. Pero yo me refiero a otro tipo de recuerdo. En cierta manera, sí que recordaba los viejos tiempos de Lower Binfield. Recordaba mi caña de pescar, el olor del pipirigallo, la imagen de mi madre detrás de la tetera marrón, a Jackie el pinzón y el abrevadero de la plaza. Pero nada de ello estaba ya vivo en mi mente. Eran cosas lejanas, cosas con las que había terminado. Nunca se me hubiese ocurrido que algún día podía desear volver a ellas.
