Subir a por aire
Subir a por aire Cuando volví a casa aquella tarde, aún no estaba seguro de lo que haría con las diecisiete libras.
Hilda dijo que iba a una conferencia del Club de Préstamo de Libros. Parece que venía a hablar un individuo de Londres, aunque ni que decir tiene que Hilda no sabía cuál era el tema. Le dije que iría con ella. En general, no me interesan mucho las conferencias, pero las visiones de guerra que había tenido aquella mañana, suscitadas por el bombardero que volaba por encima del tren, me habían predispuesto a la reflexión. Con las acostumbradas dificultades, acostamos pronto a los chicos y salimos con el tiempo justo. La conferencia estaba anunciada para las ocho.
