Subir a por aire
Subir a por aire El tipo del mostrador dijo que había leído en el periódico que había que meterse en una bañera llena de agua caliente hasta que pasase todo. Los tipos del bar público le oyeron y se pusieron a discutir, en broma, sobre cuántas personas cabían en una bañera, y los dos le preguntaron a la chica si les dejaría meterse en la suya con ella. Ella les dijo que no se pusieran impertinentes, fue al otro extremo del bar y les llenó otras dos jarras. Bebí un sorbo de la mía. La cerveza era mala. Ácida, la llaman, y ya lo creo que era ácida; tenía incluso una especie de sabor a azufre. Son los procesos químicos de fabricación. Dicen que el lúpulo inglés no se usa ya para hacer cerveza, sino que se emplea todo para fabricar productos químicos, y que después elaboran la cerveza a base de estos productos. Me encontré pensando en el tío Ezequiel, en lo que hubiese dicho él de una cerveza como aquélla, en lo que hubiese dicho de la Defensa Pasiva y de los que explicaban la manera de apagar las bombas termitas con cubos de arena. Cuando la camarera volvió a mi lado de mostrador, le pregunté:
—Por cierto, ¿quién vive en Binfield House ahora?
—Pues ahora es propiedad del doctor Merrall.
—¿Del doctor Merrall?
—Sí, señor. Dicen que hay más de sesenta enfermos allá arriba.