Subir a por aire
Subir a por aire La guerra se acerca. Para 1941, dicen. Y habrá cantidades de vajilla rota y casitas abiertas por las bombas como cajas de cartón, y los sesos del oficinista se aplastarán contra el piano que está pagando a plazos hasta la eternidad. Pero ¿qué importancia tienen estas cosas después de todo? Les diré lo que me enseñó mi estancia en Lower Binfield. Me enseñó que todo ocurrirá. Ocurrirán todas las cosas que usted sospecha, las cosas que le causan terror, las que se dice a sí mismo que sólo son una pesadilla o que sólo pasan en otros países. Las bombas, las colas para la comida, las porras de goma, el alambre de espino, las camisas de color, los slogans, las caras enormes, las ametralladoras disparando desde las ventanas de los dormitorios… Todo esto sucederá. Lo sé, o por lo menos lo sabía en aquel momento. No hay escapatoria. Luchen contra ello, si quieren, o miren a otra parte fingiendo no enterarse, o cojan su llave inglesa y salgan a la calle a aplastar unas cuantas caras junto con los demás. Pero no hay salida. Ocurrirá con toda seguridad.