Subir a por aire
Subir a por aire Es triste, pensé. Miré otra vez el gran mar de tejados que pasaban y pasaban. Miles y miles de calles. Puestos de pescado frito, capillas, cines, pequeñas imprentas en callejuelas, fábricas, bloques de pisos, lecherías, centrales eléctricas… Un mundo enorme, enorme y pacífico. Como una gran selva sin bestias salvajes. No había cañones disparando, nadie arrojaba granadas, nadie pegaba a otro con una porra de goma. En toda Inglaterra, en aquel momento, no debía de haber una sola ventana de dormitorio desde la cual alguien disparase una ametralladora.
Pero ¿qué pasaría dentro de cinco años? ¿O dentro de dos años? ¿O dentro de un año?