Subir a por aire

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Estaban escandalizados. En su opinión, alistarse en el ejército era el equivalente del echarse a la calle en el caso de una chica. Su actitud hacia la guerra y hacia el ejército era muy curiosa. Tenían esa vieja idea de los ingleses según la cual el soldado es la escoria de la sociedad, y todo el que se alista morirá alcoholizado e irá derecho al infierno, pero al mismo tiempo eran buenos patriotas, ponían banderas en las ventanas y creían como artículo de fe que los ingleses nunca habían sido derrotados en una batalla y nunca lo serían. En aquella época, todo el mundo, incluso los no conformistas[3], cantaban canciones sentimentales sobre la patria y el soldadito caído lejos de ella en el campo de batalla. Recuerdo que aquellos soldaditos siempre morían «en medio de una lluvia de plomo y metralla». Cuando Makefing fue liberado, la gente se puso como loca de alegría. A veces, hasta se creían las historias según las cuales los bóers tiraban a los niños al aire y los ensartaban en las bayonetas. Hacia el fin de la guerra, el viejo Brewer, harto de que los niños le gritasen «¡Krooger!» por la calle, se afeitó la barba. La actitud del pueblo hacia el gobierno era siempre la misma: todos eran leales ciudadanos ingleses y juraban que Vicky era la mejor reina que había existido nunca y que los extranjeros eran una mierda, pero al mismo tiempo a nadie se le ocurría jamás pagar un impuesto, ni siquiera por la tenencia de un perro, si había forma de evitarlo.


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