La Patagonia Rebelde
La Patagonia Rebelde En verdad, los peones solo tenÃan coraje y algunas escopetas viejas. Pero esa era excusa suficiente.
Varela regresó a Buenos Aires. HabÃa cumplido su misión diplomática. Pero en su informe, sembró la duda:
—No se fÃen. Esta gente no olvida. Volverán.
Y tenÃa razón. El invierno pasó, pero el malestar siguió fermentando. Cuando el precio de la lana volvió a caer, los estancieros redoblaron los abusos. Y esta vez, los peones ya no estaban dispuestos a ceder.
Asà empezó el segundo paro. Esta vez más amplio, más estructurado, más decidido. En cada estancia, se levantaban brazos. En cada camino, se paraban carros. Se formaron columnas de huelguistas que marchaban con banderas negras y rojas.
La Patagonia comenzaba a rebelarse no como un territorio salvaje, sino como una conciencia despierta. Y los rotos, los invisibles, pasaban a ser protagonistas.
Noviembre de 1921. La huelga se extiende como una ola imparable desde RÃo Gallegos hasta San Julián, desde las estancias del interior hasta los puertos. Los peones paran, las carretas se detienen, el comercio se paraliza. La Patagonia está de pie. Y los patrones comienzan a temblar.
