Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Ésas fueron las palabras del adivino. La sangre des45apareció de mi rostro helado, y una profunda noche se me puso delante de los ojos.
Un río torrencial en crecida es el obstáculo que le separa de su dueña. Súplicas al río para que mengüe su caudal y le permita el paso. La elegía se conforma así como un paraclausithyron en el que la puerta ha sido substituida por el torrente en cuestión. Los ríos deberían ayudar a los amantes —argumenta el poeta— porque también de ellos se cuentan amoríos; y a continuación se citan abundantes ejemplos de ríos enamorados: el ÍÍaco, el Janto, el Alfeo, el Peneo… hasta llegar al Anio, afluente del Tíber, del que se dice que se enamoró de Illa (la que, amada por Marte, había sido madre de Rómulo y Remo), episodio en el que Ovidio se extiende y que constituye el centro de la pieza.
A pesar de las súplicas y razones, el torrente no decrece, y el poeta pasa ya a las injurias e improperios.
