Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Cuenta Ovidio una desagradable experiencia amorosa: la impotencia momentánea de que se vio sorprendido en su encuentro con una bella mujer. No puede explicarse cómo ocurrió. Quizá fuera cosa de magia —piensa él—. Injurias contra su miembro, que le puso en tal vergüenza. El tema pervive en la elegÃa V de Maximiano.
¿Acaso no es hermosa esta muchacha, acaso no se viste con elegancia y ha sido —creo recordar— objeto de mis deseos reiteradas veces? Sin embargo, lánguido en mala hora, la tuve entre mis brazos y no me servà de ella sino que estuve tendido, siendo oprobio y carga para un lecho inmóvil, y no pude disfrutar del placer de quedarme sin 5fuerza en las ingles, a pesar de que yo lo deseaba y lo deseaba al mismo tiempo la muchacha.
Y eso que ella echó a mi cuello sus brazos de marfil, más blancos que la nieve sitonia, me dio besos provocadores con apasionada lengua, y puso su lascivo muslo debajo 10del mÃo, diciéndome ternezas, llamándome su señor y añadiendo las palabras comunes que en estos casos nos gusta oÃr. Pero mi miembro perezoso, como inficcionado por la frÃa cicuta, no correspondió a mis intenciones. Estuve 15tendido como un tronco inerte, apariencia y peso inútil, y no se sabÃa si yo era un cuerpo o una sombra.
