Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Rubia Ceres, la de los finos cabellos coronados de espi5gas, ¿por qué impides nuestros goces en tus fiestas? A ti, diosa, los pueblos de todo el mundo te llaman dadora de bienes y ninguna divinidad mira con mejores ojos la felicidad de los hombres. Antaño los salvajes labradores no sabían cocer el pan, ni en la tierra se conocía el nombre de la era, sino que las encinas —oráculos primeros[92]— producían la bellota, y éste era el sustento, junto con la 10hierba del blando césped[93]. Fue Ceres la primera que mostró cómo la simiente crecía en los campos, y segó después las mieses con la hoz una vez que llegaron a su sazón. Fue la primera que obligó a los toros a poner su cuello bajo el yugo y removió el suelo antiguo con la curva reja. ¿Quién ha podido creer que esta diosa se alegre 15con las lágrimas de los amantes, y que guste de ser venerada con tormentos y continencias? Y sin embargo, aunque guste de los fértiles campos, no es rústica ni tiene el corazón libre de amor. Los cretenses serán mis testigos; pues no todo es invención entre los cretenses[94]. La tierra 20de Creta se enorgullece de haber sido nodriza de Júpiter. Allí bebió leche con sus tiernos labios, cuando era un niño pequeño, aquel que gobierna el alcázar estrellado del firmamento[95]. Confianza grande merece el testigo: ese testigo es elogiado por el que allí se crió[96].