Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Quizá las antiguas sabinas[2] en tiempo del rey Tacio[3] hubiesen preferido cultivar los campos de su padre antes que a sí mismas. Eran los tiempos en que una matrona de tez enrojecida, sentada en elevado asiento, hilaba con mano incansable trabajando duramente y encerraba ella misma en el aprisco los cor15deros que su hija había llevado a pastar, y ella misma echaba astillas y troncos cortados al fuego; pero vuestras madres han traído al mundo hijas delicadas: queréis cubrir vuestro cuerpo con vestiduras doradas, queréis variar la forma de 20peinar vuestros perfumados cabellos y queréis tener una mano que, cubierta de piedras preciosas, llame la atención; os colgáis del cuello perlas buscadas en Oriente y dos pendientes de vuestras orejas, único peso que en ella podéis llevar. Y desde luego, no es vituperable: preocupaos por gustar, ya que vivís en una época en que también los hom25bres se adornan: vuestros maridos se engalanan, siguiendo la norma de las mujeres y una novia apenas tiene nada que añadir a ese ornato.