Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Marchaos de aquí, ingratas tablillas, maderas fúnebres, 10y tú, cera cubierta de signos para decir «no», a quien la abeja de Córcega, recolectándote seguramente de la flor de la espigada cicuta, te puso en torno a su miel despreciable. Aunque mostrabas un color rojizo como si hubieras sido teñida a fondo con minio, aquel color tuyo era de sangre, ésa es la verdad. Quedaos tiradas en las encrucijadas, leña inútil, y que os rompa al pasar el peso de una 15rueda. También a aquél que, sacándoos del árbol, os convirtió en objeto para el uso, lo convenceré de que no tuvo las manos puras. Aquel árbol ofreció a un cuello desgraciado un sitio donde colgarse, aquél ofreció cruces terribles al verdugo, aquél dio sombras nefastas a los roncos 20búhos y tuvo en sus ramas los huevos del buitre y del vampiro[74bis]. ¡A éstas, loco de mí, he confiado yo mis amores y les he dado cariñosas palabras para que las llevaran a mi dueña! Esta cera sería más adecuada para que en ella se escribiera una citación a juicio llena de palabrería, que 25leyera con voz severa algún juez. Estarían mejor tiradas entre los cuadernos de gastos y las láminas donde el avaro deplora las riquezas que se le han perdido. Por eso me he dado cuenta yo de que en realidad sois dobles[75] como lo sois de nombre; incluso ese número no era de buen agüero.