Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor ¿De qué me habría aprovechado cantar al veloz Aquiles?, ¿qué habrían hecho por mí el uno y el otro Atrida, 30y el que empleó tantos años en sus correrías como en la guerra[7], y el digno de ser llorado, Héctor, arrastrado por los caballos hemonios?[8]. Por el contrario, cuando el rostro de una amable joven ha sido repetidamente ensalzado, ella misma viene al poeta, como premio para sus versos. Una gran recompensa se le concede.35
Nombres esclarecidos de héroes, adiós: no es vuestro favor el que me conviene. Muchachas, poned vuestros ojos hermosos en estos versos míos que me dicta el purpúreo Amor[9].
Súplicas al esclavo vigilante de su amada para que no sea tan fiel cumplidor de su oficio. El poeta va hilando razones múltiples para convencerlo.
Tú que tienes el encargo de vigilar a tu señora, Bagoo[10], descansa un momento, mientras trato contigo unos pocos asuntos, pero que hacen al caso. Ayer vi a la joven paseándose por el pórtico aquel que está adornado con el 5batallón de las hijas de Dánao[11]. Como me gustó, enseguida se lo hice saber y solicité por escrito sus favores; pero ella, en respuesta, escribió con mano temblorosa: «no es posible», y al preguntarle por qué no era posible, me volvió a decir que el motivo era que tu vigilancia sobre ella, tu dueña, es demasiado severa.
