Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor En caso de que me vayas a dar para que me guarden en el joyero, me negaré a salir, constriñendo tus dedos 20con un círculo más estrecho. No sea yo nunca para ti, vida mía, objeto de vergüenza o una carga que tu delicado dedo rehúse llevar. Llévame puesto cuando bañes tu cuerpo con agua caliente y no te importe que mi engarce se estropee al contacto con el agua. Pero —creo yo— al verte desnuda 25se erguirá de pasión mi miembro y cumpliré, siendo anillo, el cometido de un hombre.
Mas ¿por qué deseo fantasías? Ve, diminuto regalo: que ella se dé cuenta de que contigo le envío mi lealtad.
Ovidio se encuentra en Sulmona, su patria. Pero su amada está lejos y eso convierte en ingrata su estancia allí. Deseos de que ella se acerque.
Me retiene Sulmona[97], parte tercera del campo pelignio, comarca de reducida extensión pero saludable por las aguas que la riegan. Aunque el sol agriete la tierra, al aproximarse sus rayos, y brille la ardiente estrella de la perra 5de Icario[98], no obstante corrientes de agua siguen recorriendo los llanos pelignios y la hierba verdea abundante en el suelo mullido. Es terreno productor de trigo, y mucho más fecundo en uvas; crece también aquí con cierta abundancia el aceitunífero olivo y, gracias a la hierba que 10siempre renace al estar regada, un gramíneo césped recubre el húmedo suelo[99].
