Cartas de las heroinas - Ibis

Cartas de las heroinas - Ibis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¡Ay!, y yo he sido tan loca de reparar tu flota 45 naufragada, para que fuera firme el barco en que me iban a dejar abandonada; y le puse remeros para que pudieras huir lejos de mí. ¡Sufro, ay de mí, las heridas que me han hecho mis propias armas! Confié ingenuamente en tus palabras seductoras, 50 que de sobra las tienes; confié en tu linaje, y en tus nobles apellidos, confié en tus lágrimas (¿pero es que también a ellas se les enseña a fingir?[62], ¿también ellas entienden de mañas y van por donde se les manda?) y también confié en los dioses[63]: ¿y de qué me sirven ahora tantas garantías? Una cualquiera de esas cosas bastaba para engañarme. 55 No me importa haberte ofrecido un puerto y un sitio, que ése debió haber sido el primer y último favor que te hiciera. Lo que me duele es la vergüenza de haber colmado esa hospitalidad con mi cama compartida, y de haber estrechado mi cuerpo con el tuyo. Quisiera que la noche anterior 60 a aquélla hubiera sido la última de mi vida, cuando Filis todavía podía haber muerto sin deshonra. Yo esperaba algo mejor, porque creía que me lo merecía: pues la esperanza que se concibe después de un favor es justa esperanza. Engañar a una muchacha confiada no es hazaña trabajosa; 65 mientras mi ingenuidad sí que merecía simpatías. Por ser mujer, y por amarte, he sido víctima de tus engaños: hagan los dioses que ése sea el colmo de tu gloria. Que se te ponga una estatua en tu ciudad entre los descendientes de Egeo; que allí delante se alce majestuoso la de tu padre, con sus títulos de gloria[64]. Cuando se haya leído en ellos lo de 70 Escirón, y lo del torvo Procrustes, y lo de Sinis y lo del ser mezcla de toro y de hombre, y lo de Tebas, sometida en la guerra, y de la derrota de los bimembres, y lo del asalto al tenebroso palacio del dios negro, después de esas inscripciones, que tu estatua esté sellada por este título: «Este es el que con engaños cautivó a la mujer que lo amaba y lo hospedó». 75 De todas las andanzas y de todas las hazañas de tu padre se te ha ido a pegar el abandono de la cretense[65]. Lo único que él se reprocha es lo que tú admiras en él, haciendo, traidor, el papel de heredero de la falta de tu padre. Ella disfruta ahora de un marido mejor[66], y yo me alegro, y 80 se sienta altanera en un tiro de tigres. En cambio los tracios despreciados rehuyen casarse conmigo, porque se me acusa de haber preferido a un extraño antes que a mi gente. Y hay quien dice: «que se vaya a la sabia Atenas, que otro habrá que gobierne la belicosa Tracia. Por el resultado se juzga el 85 hecho». Ojalá no se saliera con la suya el que piensa que el resultado es lo único que cuenta. Si ahora nuestras aguas se blanquearan con la espuma de tu remo, ¡también se iba a decir que velo por mí, o que velo por mi gente! Pero ni yo he velado por nadie ni mi palacio volverá a tenerte, ni 90 volverás a lavar tu cuerpo cansado en el agua bistonia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker