Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis En el tiempo en el que entré en la Eleusis de Ceres —ojalá la tierra de Cnoso no me hubiera dejado salir—, entonces me empezaste a gustar de forma especial (aunque ya me gustabas antes); un amor desesperado se me hundió hasta la 70 médula de los huesos. Ibas vestido de blanco, una guirnalda te adornaba el pelo, y un pudoroso rubor teñÃa tu cara morena; el rostro que otras dicen que es severo y violento, a juicio 75 de Fedra no era severo, sino viril. Lejos de mà esos hombres que se arreglan como mujeres; a la belleza del hombre le va bien cuidarse poco. A ti te va esa severidad, esa melena dejada a su aire, y el toque de polvo en tu cara egregia. 80 Si gobiernas el cuello rebelde de un caballo salvaje, me admiro del diminuto cÃrculo en el que giras los pies; si blandes con toda la fuerza de tu brazo la flexible jabalina, tu brazo salvaje tiene vueltos hacia él mis ojos; igual si empuñas el venablo de cornejo, de ancha punta de hierro, y en fin, todo lo que haces me gusta verlo.