Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis No eras tú tan importante cuando yo, ninfa hija de un gran río, 10 vivía contenta con que tú fueras mi esposo. Tú que ahora eres un Priámida (no tengamos miedo a la verdad) no eras más que un esclavo; y siendo yo ninfa, consentí casarme con un esclavo. Muchas veces nos habíamos echado entre los rebaños, cobijados bajo un árbol, y la hierba sembrada 15 de hojas nos hizo de lecho. Muchas veces, echados sobre un catre de espeso heno, nos resguardó de la canosa escarcha nuestra pobre cabaña. ¿Quién te enseñaba los mejores puestos para la caza y las guaridas donde las fieras escondían a sus cachorros? Muchas veces fui contigo a tender redes 20 camufladas con sus mallas, y muchas veces he llevado a los perros corriendo por los inmensos montes. Las hayas guardan grabado por ti mi nombre: en ellas se lee «Enone», escrita yo allí con tu daga; y al compás de los troncos crece también mi nombre. ¡Creced! ¡Alzaos bien derechas con mi 25 letrero! [Me acuerdo que hay un álamo que está junto a la corriente de un río, y en él hay una inscripción que me nombra]. Vive, álamo del borde de la ribera, que tienes en tu arrugada piel este verso: «Si Paris dejara a Enone y pudiera 30 seguir viviendo, las aguas del río Janto desandarán su camino, y se volverán hasta su nacimiento». ¡Janto, corre para atrás! ¡Aguas, corred de vuelta a vuestras fuentes! Porque Paris es capaz de abandonar a Enone.