Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis Hay aquí un risco que mira para el hondo abismo; antes fue montaña; ahora se enfrenta con las aguas del mar; desde él reconocí yo la primera las velas de tu barco, y mi primer impulso fue correr a través de las olas. Mientras tanto me 65 deslumbra un brillo de púrpura que vi arriba en la proa. Me dio miedo: aquél no era tu vestido. Se acerca más la nave y el viento la lleva a toda prisa a tocar tierra: vi con temblor de mi corazón mejillas de mujer. Pero por si no tenía bastante —¿para qué seguía yo allí, loca de celos?—, tu afrentosa 70 amante estaba abrazada a tu regazo. Fue entonces cuándo me desgarré el escote y me di golpes de pecho, me hundí sin piedad las uñas en las mejillas empapadas de lágrimas, inundé el monte sagrado del Ida con lamentos de dolor; allá a mis piedras[139] llevé mis lágrimas.