Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis Se dice que tu nave, de retorno, ha tocado las orillas de Tesalia, y ya eres rico con el dorado vellón. Te felicito por estar a salvo, en la medida en que me lo permites; porque de 5 todo eso deberías haberme informado tú por carta. Porque para no volver pasando por mis reinos, que te he prometido a ti, pudiste, aunque lo desearas, no haber tenido vientos propicios: pero una carta puede firmarse por más contrario que sea el viento, y yo, Hipsípila, he merecido que se me mande un saludo. ¿Por qué antes que una carta tuya me ha llegado el rumor contando que los bueyes consagrados a 10 Marte iban bajo el curvo yugo, que echaste unas semillas y se levantó una mies de hombres que para matarse no necesitaron tu diestra, que un dragón insomne vigilaba el despojo del carnero, y que pese a todo tu valerosa mano robó el rubio vellón? Oh, si yo pudiera contárselo a los que no se lo 15 acaban de creer: «Eso es lo que él me ha escrito», ¡qué orgullosa estaría! ¿Pero por qué quejarme de que no cumpla su deber un marido remolón? Sería ya un gran regalo que me dejaras seguir siendo tuya. Se cuenta que contigo ha venido una envenenadora extranjera, y que la has acogido 20 en el lecho a mí prometido. Crédulo es el amor. ¡Ojalá que se me diga temeraria, por haber acusado a mi marido de pecados que no ha cometido! Hace poco ha venido a mí desde las orillas hemonias un extranjero tesalio, y todavía no había tocado mis umbrales cuando le dije «¿Qué es de mi 25 Esónida?». Él fijó los ojos en el suelo que pisaba, y se quedó paralizado de vergüenza. De pronto, fuera de mí, me rasgué la túnica del pecho y grité: «¿Está vivo, o los hados me mandan que lo acompañe?». «Está vivo», me contestó desconcertado, y en su desconcierto le obligué a que me lo jurara. Aun con un dios por testigo, apenas podía creer que vivías. 30 Cuando volví a respirar le empecé a preguntar sobre tus hazañas: me cuenta cómo araron la tierra los bueyes de Marte, de pezuñas de bronce, y que echaste en ella como simiente los dientes del dragón, y que al momento nacieron hombres cargados ya de armas, hijos de la tierra que se dieron muerte 35 en guerra civil, tras haber cubierto sus destinos en un solo día de vida. El dragón había sido derrotado. De nuevo pregunto si vive Jasón; unas veces el temor, otras la esperanza, me hacen dudar. Mientras me cuenta todo, cosa por cosa, 40 rápida y afanosamente, me destapa, sin darse cuenta, mis heridas.