Cartas de las heroinas - Ibis

Cartas de las heroinas - Ibis

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Eso es lo que yo había oído decir; podía no haber creído esos rumores, y de los oídos llega al corazón un dolor suave[208].120 Se me presenta ante los ojos mi rival extranjera[209] y ya no soy capaz de disimular mis sufrimientos. No permites que se esquive la situación: la esclava va por en medio de la ciudad para que sin querer la vean mis ojos. Y no va como125 suelen las esclavas, con el pelo en desorden; ni confiesa su desgracia cubriéndose la cara: se pasea pomposamente, llamando la atención con sus joyas exuberantes, vestida como tú también solías en Frigia; da la cara ante la gente con arrogancia, como la que ha vencido a Hércules: se diría que 130Ecalia sigue en pie, y sigue vivo su padre. Quizá hasta llegue a abandonar el nombre de concubina por el de esposa, cuando la etolia Deyanira sea repudiada, y un matrimonio muy comentado llegue a unir los desvergonzados cuerpos de Yole hija de Eurito, y el del loco del Alcida. 135La cabeza se me va con ese presagio y me recorre el cuerpo un escalofrío, y yace sin fuerzas la mano sobre el regazo. A mí también me amaste, como a tantas, pero a mí sin delito; y no te avergüences porque yo te haya dado dos veces motivo para combatir. Llorando recogió Aqueloo sus cuernos[210] en la orilla encharcada y sumergió su frente mutilada 140en las aguas cenagosas; y el centauro Neso cayó muerto en el mortal Eveno envenenando las aguas con su sangre de caballo. ¿Pero qué hago contando estas cosas?


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