Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis Mientras escribo me llega, como un heraldo, la noticia de que mi marido muere por el veneno de mi túnica[211]. ¡Ay 145de mí! ¿Qué he hecho? ¿A dónde me ha llevado la locura del amor? Despiadada Deyanira, ¿por qué dudas en morir? ¿Mientras tu esposo se desgarra en medio del Eta vas a sobrevivir tú, la culpable de tan gran crimen? ¿Qué mérito he tenido hasta ahora para que se me crea la esposa de Hércules?150 La muerte de mi marido será la prenda de mi matrimonio. ¡Tú también reconocerás en mí a tu hermana, Meleagro! Despiadada Deyanira, ¿por qué dudas en morir? ¡Oh casa maldita! Agrio está sentado en lo alto de su trono, mientras a Eneo, abandonado, lo oprime una vejez desvalida; mi hermano Tideo vive exiliado en riberas desconocidas;155 la vida del otro[212] quedó encerrada en el ascua fatal; mi madre[213] se atravesó las entrañas con una espada. Despiadada Deyanira, ¿por qué dudas en morir? Una sola cosa pido, por las santísimas leyes del matrimonio: que no se diga 160 de mí que he tramado en contra de tu destino. Cuando tu flecha atravesó el lujurioso pecho de Neso, éste dijo: «Esta sangre tiene el poder del amor». Y yo te mandé la tela untada con el veneno de Neso. Despiadada Deyanira, ¿por qué dudas en morir? Y ahora adiós, anciano padre, Gorge, hermana,165 patria mía y hermano mío, privado de tu patria, y adiós a ti luz de este día, el último para mí; y larga vida a ti, esposo mío —¡ay!, ojalá pudieras ya tenerla—, y a ti, Hilo, hijo mío.