Cartas de las heroinas - Ibis

Cartas de las heroinas - Ibis

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Pero el dios[30] ha sido justo y buen guardián de mi casto amor: Troya se ha convertido en cenizas, y mi marido está a salvo.25 Los príncipes argólicos han vuelto, sahúman los altares, se ofrece el botín extranjero a los dioses de nuestra tierra. Las recién casadas hacen agradecidas ofrendas porque sus maridos han vuelto con vida; ellos cantan los destinos de los troyanos, vencidos por los suyos: se impresionan sus asustadas mujeres y los ancianos venerables, la mujer está 30 pendiente del relato que sale de boca de su marido. Y alguno hay que en la mesa dibuja los encarnizados combates, pintando con unas gotas de vino todo Pérgamo: «Por aquí pasaba el Simunte, aquí está la tierra del Sigeo, aquí se alzaba el altivo palacio del anciano Príamo; allí acampaba el 35 Eácida[31], allí Ulises, aquí el cuerpo mutilado de Héctor espantó a los caballos desbocados». Todo eso se lo había contado ya el anciano Néstor a tu hijo, cuando fue a buscarte, mientras que él me lo contó a mí. También nos contó cómo murieron a hierro Reso y Dolón[32], y cómo al uno lo traicionó 40 el sueño y al otro tus argucias. ¡Te atreviste, ay, olvidado y más que olvidado de los tuyos, a entrar en los cuarteles de los tracios durante una emboscada nocturna, y a masacrar de golpe a tantos hombres con ayuda de uno solo[33]! En cambio antes eras mucho más prudente, y no te olvidabas de mí. El 45 corazón no me dejó de palpitar asustado hasta que me contaron que los caballos ismarios[34] te llevaron vencedor entre las filas del ejército aliado.


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