Cartas de las heroinas - Ibis

Cartas de las heroinas - Ibis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La noche estaba[361] en su comienzo —recordar da55 también placer— cuando salía, enamorado, por las puertas de la casa paterna. Sin tardar, quitándome a la vez la ropa y el miedo, agité en las transparentes aguas mis flexibles brazos. La luna apenas me brindaba una trémula luz en mi camino, como compañera servicial de mi viaje. A ella levanté la cara60 y le dije: «Protégeme, diosa esplendente, y que vengan a tu memoria las rocas del Latmo[362]. No consiente Endimión que tu pecho sea severo; te suplico que vuelvas tus ojos a mis amores furtivos. Tú, diosa, caías del cielo en busca de 65un mortal; si se me consiente la verdad, la que yo busco es también una diosa[363]. Para no hablar de su carácter, propio de un pecho divino, diré que esa hermosura no cuadra sino a las diosas verdaderas. Después de Venus y de ti no hay otra más hermosa, y, para que no te fíes sólo de mis palabras,70 ¡míralo tú misma! Igual que cuando tú refulges con la plata pura de tus rayos, y todos los demás astros se doblegan a tus destellos, igual es ella más hermosa que todas las hermosas; si no te convences, Cintia, es que tu mirada es ciega[364]». 75Eso dije, o en todo caso algo no muy distinto, cuando iba de noche por aguas que me abrían paso. Las olas[365] fulgían con la radiante efigie de la luna en ellas reflejada, y el resplandor en la noche callada era como el del día. Ninguna voz se80 oía por ninguna parte, ningún murmullo llegaba a los oídos salvo el del agua cortada por mi cuerpo. Sólo las gaviotas[366], recordando a su amado Ceix, me pareció que lanzaban no sé qué dulce queja. Y ya sintiendo los brazos cansados a la altura de los hombros, con gran esfuerzo me alzo 85todo lo que puedo sobre las aguas, cuando a lo lejos divisé una luz y dije: «Mi fuego está en esa luz; aquellas playas tienen mi luz». Y en el mismo instante volvieron las fuerzas a mis fatigados brazos, y el mar me pareció más suave que90 antes. Que no pueda sentir el frío del helado abismo es obra del amor que arde en mi pecho enamorado. Cuanto más me acerco y más próxima se hace la playa, cuanto menos queda, más ganas tengo de avanzar. Pero cuando además se me puede ver, en seguida me das fuerzas tú, al95 contemplarme, y renuevas mi vigor. Entonces me esfuerzo por agradar a mi dueña también al nadar, y para tus ojos muevo los brazos. Apenas puede impedirte tu nodriza bajar al mar, eso lo he visto yo y no podías engañarme. Y no consiguió, aunque te retenía en tu carrera, que las primeras olas no te100 mojaran el pie. Me recibes en un abrazo y me das unos besos felices, unos besos, ¡grandes dioses!, que merecen ser buscados cruzando el mar; te quitas tu capa de los hombros y me la das y me secas el pelo empapado de agua marina.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker