El arte de amar
El arte de amar Antes de nada, penetre en tu mente la confianza de que a todas se las puede 270conquistar: las conquistarás; tú sólo tienes que tender las redes. Antes se callarán los pájaros en primavera, antes las cigarras en verano, antes dará su espalda a la liebre el perro del Ménalo[40], que una mujer rechace al hombre que la pretende lisonjeramente; accederá incluso aquella de la que podrÃa pensarse que no accederÃa. El amor furtivo 275es tan agradable para una mujer como para un varón: el varón no sabe disimularlo, pero ella lo desea más escondidamente. Pongámonos de acuerdo el sexo viril en no ser nosotros los primeros en suplicar a la mujer; enseguida ella asumirá, vencida, el papel de suplicante. En los gramÃneos prados es la hembra la que dirige al toro sus mugidos, y es la hembra la que siempre llama con sus relinchos 280al caballo de córneos pies. Más mitigada es entre nosotros la pasión y no tan violenta. El ardor viril tiene un lÃmite fijado por las leyes. ¿Para qué recordar a Biblis que se abrasó por su hermano con amor no permitido y vengó valientemente su crimen ahorcándose?[41]. Mirra amó a su 285padre, mas no como una hija debÃa, y ahora se esconde oprimida bajo una corteza que la recubre[42]. Con el llanto que derrama de aquel oloroso árbol nos perfumamos y la lágrima conserva el nombre de quien la produjo.